…cuando ya tengo 23

18 12 2007

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Cada día pasa el tiempo, a veces no lo vemos. Acaba un año y empieza otro y el tiempo va llevándose todo lo que tenemos. “Un momento en una agenda, una décima de segundo más”.  Todo al final siempre es frágil, siempre gasta y se desgasta. Así se suman las pequeñas porciones de tiempo que vamos gastando. Momentos que brillan un instante y se van. Vivimos siempre dentro del estrés, de las prisas por llegar a todo, por hacer mil cosas en un día. Y el tiempo unas veces nos desgasta. Otras, el tiempo se gasta.
Cuando somos niños creemos que tenemos todo el tiempo por delante y planeamos hacer tantas cosas… Pero el tiempo pasa y los sueños se pierden. A veces los recuerdos acaban por sustituirlos. Pronto nos damos cuenta de que todo lo pasado es mejor que lo presente y el futuro no sabemos dónde está. Demasiadas veces lo esperamos con miedo. Los sueños cada día nos parecen tan imposibles que lo único que queremos es volver a lo tenido.
“Tan lejos los recuerdos de días felices y extraños, mis viejas fotos mienten, tu pelo es más liso y claro, un ángel sobrevuela la tela invisible de araña que el tiempo puso en ellas y no logro recordar”. Un recuerdo que cada vez está más borroso. Un recuerdo selectivo del que sólo guardamos lo bueno. Y duele, al recordar, ver cómo de lo tenido no queda ni la mitad. Y duele pensar que hemos gastado el tiempo en soñar sin haber hecho nada. Y duele ver que estamos recordando sin que nada de lo que tenemos nos guste tanto como lo que tuvimos.  
Y porque muero al pensar que mueren los días y se llevan parte de mi vida, quiero que el principio de los días siempre sea hoy, emocionarme antes de empezar una nueva etapa y que la monotonía no llegue cuando venga el tiempo.

Cuando ya tengo 23…..
“por si el tiempo me arrastra a playas desiertas, hoy cierro ya el libro de las horas muertas…”