“Cuando se me planteó la exigencia de medir la cultura, vi que la cultura debía ser precisamente aquella condición que excluye una mentalidad capaz de medirla”
Theodor Adorno
“Cuando se me planteó la exigencia de medir la cultura, vi que la cultura debía ser precisamente aquella condición que excluye una mentalidad capaz de medirla”
Theodor Adorno
Tantas cosas tengo en la cabeza que se me hace imposible centrarme. Demasiadas cosas qué hacer y pocas ganas de hacer nada. Aquí ando… perdida y buscando mi lugar. Un sitio donde esconderme. Y hoy me toca escribir sobre los cuidados, sobre el cuidado que todas las mujeres han dedicado a los demás sin recibir el cuidado de nadie que, como todas las personas, también necesitaban. El cuidado, aquello a lo que nos han enseñado desde pequeñas, y que hoy necesito yo. Porque todos somos dependientes alguna vez.
El mundo se nos hace grande y pequeño al mismo tiempo. Y así vamos todos. Buscando un trabajo, buscando motivaciones, una forma de ser feliz. Algo que haga que el lunes nos levantemos a las siete de la mañana sin pensar que es un castigo.
Pero necesitemos que alguien nos prepare el café por la mañana, que alguien nos busque al llegar a casa, que alguien esté esperándonos, sea donde sea, y nos de un abrazo. Que alguien nos cuide.
Pero… quién cuidará de nosotras… sólo nosotras mismas… tal vez unas de otras. Tal vez reconduzca mi camino.
Y este domingo en el que no puedo dejar de pensar. De ir de un lado a otro. De recordar y añorar. De querer olvidar y recordar más y más. De querer ser autosuficiente y ser cada vez más dependiente.
Se acaba de cerrar otra puerta. Y sólo estoy yo aquí. Pero mañana me tendré que volver a levantar, un lunes más, a las siete de la mañana. Y será otro día más, otra oportunidad de estar bien o de estar mal. En mi refugio que soy yo misma.
Aquí no hay nada más. Nadie más.
Foto: El espejo imposible
Llevo una semana bastante extraña… entre intentando estudiar, escribir, pensar y aclararme las ideas. Además hoy la crisis económica y profesional ha vuelto. Después de trabajar en prácticas durante tres meses, como ya imaginaba, no me van a pagar ni un duro. Dentro de dos semanas empiezo en otro sitio donde estaré tres meses y me pagarán 375 euros, o lo que es lo mismo, 1,25 euros la hora. El sábado además, en pleno botellón tuve un interesante debate político sobre el tema de las becas y las ayudas a los estudiantes, que no reproduciré aquí porque escuché muchas cosas que sigo sin asimilar.
Sinceramente, hoy me siento culpable por aceptar un trabajo donde pagan una miseria o donde ni pagan. No entiendo por qué los estudiantes permitimos que hagan esto con nosotros y, en concreto, los estudiantes de periodismo. El que una profesión tan ligada a los principios democráticos y que además cuenta con la fuerza de los medios de comunicación para hacerse oír continúe en este estado de precariedad, me parece algo sin sentido. No lo entiendo. En fin… que si encuentro otro trabajo donde me paguen algo más digno, a la mierda las prácticas. Y eso que son las únicas en las que me van a pagar algo.