La velocidad de los días, el peso del tiempo

31 01 2012

Y, de repente, la vida era demasiado corta como para dejar pasar los días. Como para gastar los días pensando en qué hacer.
Eso era solo un comienzo. Pero la vida era corta. No podía permanecer más tiempo parada. Más tiempo inmovilizada. Pensando. Pensando por dónde caminar.
Los planes se habían torcido. Pero había muchas cosas que quería hacer.
De repente, vio que su vida pasaba más rápido de lo que había imaginado nunca. Y, en sus manos, no había ninguna de las cosas que soñaba tener.
No era capaz de dormir. Había días que no podía despertar.
En su libreta, acumulaba planes por cumplir. Mientras las hojas del calendario pasaban rápidamente.
Y no sabía por dónde empezar a caminar.
Necesitaba algo que le diera un poco de calma, un poco de paz, que no le hiciese sentir sola en cualquier parte. Que el tiempo respirase al mismo tiempo que ella.
Que su habitación se hiciera más grande y las paredes no se cayeran sobre ella. Que el silencio dejara de agobiar por todas partes. Que las mantas no pesaran. Que el colchón no se hundiera.
De repente, habían pasado demasiados años. Casi sin darse cuenta. Sin darse cuenta.
Tras ella, muchas vidas. Muchos lugares. Y nada al mismo tiempo. Ya no quedaba nada de todo aquello.
Porque nuestro pasado se acumula en nuestro presente. Y esto que tenemos ahora es lo que hemos hecho. Y parecía que nada de lo pasado tuviera ya sentido. Ya no existía. Tal vez, nunca existió…





Ansiedad

15 08 2010

Todo desordenado a tu alrededor y no ves nada. No ves nada. Ves todo. Todo. Todo inunda esta habitación. Y por dentro explotan las ganas de llorar. Los nervios. Te ahogas. Otra vez, ansiedad. Todo está desordenado. Como esta habitación. Llena de todo, vacía de todo. Quieres otra cosa y no puedes escapar. No sabes a dónde ir. Y por dentro explotan las ganas de llorar. De marchar. De tenerte que ir. De volver. De no llegar nunca a algún lugar. Soledad. Otra vez. Haces como que estás bien. Vuelven a ti las ganas de explotar. De salir, de llegar, de no tenerte que marchar. ¿Dónde se quedó aquel sentimiento de tranquilidad? ¿Dónde están las ganas de quedarse en algún lugar? De estar bien. De estar bien aquí, ahora, en este lugar. Sin la necesidad de estar con alguien. Sin sentir la soledad. Y haces como que todo está bien. Vuelven las ganas de explotar. Y lloras por dentro. Nervios. Ansiedad. Noches vacías. Días muertos. Ansiedad. ¿Por dónde empezar a caminar?





espejismos

2 05 2010

Creo que no fue miedo. Tal vez haya acabado siendo algo filofóbica… pero creo que no fue miedo. Alguna vez, vi algún reflejo. Alguna vez, vi cosas que no sé si quise ver.  No vi otras que –quizás- debí ver. Me hubiera gustado ser, o estar, diferente para poder haber dejado un hueco, un espacio, por donde dejarte llegar. Un lugar por donde empezar a ir.

Por dónde empezar a andar…

Creo que no supimos qué queríamos. Quizá eso fue lo bueno. No nos pedimos nada. No esperábamos nada. Ninguno estaba en un buen momento. Y no quisimos esperar cosas que no tenía sentido esperar. Pero eso me hacía sentir bien contigo. Conmigo. Hacía mucho que no había sentido algo así…

Hoy, soy yo. Libre. Sola. Libre. Yo. No tengo nada y me tengo a mí. No me importa no saber a dónde ir, por dónde empezar… aún tengo demasiadas cosas por hacer. Por fin me convertí en esa tabla de mi propia salvación. Aunque a la deriva, pero sigo viviendo

Volví a escuchar canciones. Volví a ir a los lugares prohibidos. Volví a dormir, a soñar, a vivir. Quizás la filofobia fue algo de las muchas cosas que aún me quedan de ti. Pero hoy puedo mirarte de frente. Hoy puedo mirarte sin venirme abajo.

Quizás me hubiera gustado que todo fuera diferente. Aprender a pasar página. Aprender de los errores y seguir adelante sin mirar atrás. El pasado me encadena sin sentido… creo que a ti te pasa lo mismo.

Me hubiera gustado saber si había algo más. Si no lo había. Me gustó que no nos pidiéramos nada. Me gustó no esperar nada de ti, aunque creo que quizás alguna vez eso pudo desesperarte. Hacía demasiado tiempo que no me sentí así. Sin exigencias, sin compromisos, sin obligaciones, sin nada que perdonar, ni olvidar. Me gustó que todo fuera nuevo.

Y así vivo mis espejismos. Entre cosas que fueron y cosas que son. Entre cosas que no fueron y cosas que ya no existen. Cosas que no son. Así vivo mis historias. Las que no existen, las que no sé si existieron. Entre destellos especiales. Espejismos de felicidad. Pero son mis historias…

Ahora sólo estoy yo. Sola. Libre. Yo. Al final, los finales felices pocas veces existen, sólo importa tener cosas que empezar. Qué importa esta incertidumbre… Qué importa seguir buscando por dónde empezar. Al fin y al cabo, nunca quise una vida convencional.





el peso de los pasos

11 04 2010

Tantas cosas dejó atrás que no sabía por dónde volver a empezar. Y, sin embargo, había tantas cosas dentro de aquella mochila que, cada día, le costaba más caminar.

Los pasos se hacían duros.

No había una dirección por la que dirigirse. No había una salida. No había una opción. No había nadie a su lado.

Dejó atrás todas las cosas que le hacían sentir bien. Ahora, no quedaba nada. Quería volver atrás. Volver a empezar un camino que nunca debió haber dejado. O, tal vez, sí. ¿Cómo saberlo? Las decisiones que tomamos nos acompañan toda la vida. Cada decisión implica dejar cosas atrás. Lo bueno. Lo malo.

Pero dejó muchas cosas por el camino. Y siguió avanzando con una mochila que, aún, pesaba demasiado. ¿Qué hacer con todas esas cosas que siempre acaban a las espaldas? Quizás, sería más sencillo volver atrás y recuperar las cosas que le hicieron sentir bien. Tirar la mochila. Volver a poder caminar sin ataduras. Sin nada que no le dejara seguir su camino.

Pero… ¿dónde estaba su camino? Ya no había forma de volver atrás. Sólo podía seguir adelante. Deshacerse de esas cosas que le seguían pesando, aunque fuera lo único que le uniera con las cosas que, un día, le hicieron sentir bien.

Y siguió caminando. Buscando ese cartel indicador que le guiara hacia alguna parte…

En un cartel indicador que me pintaras
tu nombre y una flecha que me guiara





trozos rotos

10 02 2010

Todo pareció un sueño. No sé en qué momento desperté. No sé si supe despertar. Si, en algún momento, quise hacerlo. No sabía qué querías. Yo no sabía qué querer. Todo esto es muy extraño y mi camino no sé hacia dónde va. Pero fue como un sueño demasiado real.

Los días van pasando lentos y rápidos al mismo tiempo. Entre reencuentros, encuentros, despedidas. Idas y venidas. Cervezas y risas. Como si todo fuera bien. Como si no hubiera nada en qué pensar. Y mi cabeza está cada vez más fría. Mi mente lenta y perezosa. Creo que ya se cansó de tanto pensar y pensar y no encontrar soluciones sencillas. Sí, lo sé… nadie dijo que esto fuera a ser fácil.

Pero hoy aún suena la música de aquella noche que parece tan lejana… Mi habitación hoy es de aquella noche. Y ya parece todo un sueño. Como si no hubiéramos existido. Como si nada fuera real.

Hace demasiado tiempo de muchas cosas y algunas aún pesan en la espalda. Y, sin embargo, otras cosas son tan pequeñas todavía que no soy capaz de ver qué son.

Pero el tiempo pasa y yo me sigo nublando entre caminos que no llevan a ningún lugar. Que se cruzan. Que se alejan. Todo se vuelve a dispersar… ¿Por dónde empezar a caminar cuando no se sabe a dónde quieres ir…?

Justo en esta tarde, que desperté en el momento en el que empezaba a oscurecer. con el peso de mi espalda y el miedo a los caminos que aún quedan por recorrer.

“Y comencé a recuperar
algunos trozos rotos
y una parte que aún está vacía.”

Iván Ferreiro, Toda la verdad





ley de vida

27 08 2009

La edad fue un defecto que adquirimos con el tiempo. Dejamos de soñar como niñas y niños, como jóvenes adolescentes. Empezamos a ser personas adultas. Otras cosas nos llenaron. La pareja, el trabajo, el dinero, la envidia… y dejamos de mirar a las estrellas como si verlas fuera un momento especial compartido. Empezamos a verlas como si ellas fueran un privilegio propio. Como algo nuestro y poseído. Como si ellas estuvieran más abajo de nuestros pies. No importaba con quién compartiéramos el momento. Eramos el yo y el ellas. Y todo dejó de tener sentido.

Los veranos dejaron de ser verano para ser vacaciones. El amor de verano pasó a ser el más insignificante de los recuerdos de la infancia. El amor pasó a ser la comodidad de tener siempre alguien al lado para no sentirnos solas y solos. Nosotros y nosotras acabamos por ser un conformismo neutro o una búsqueda constante. Sin saber si estábamos arriba o abajo. En medio o entre la nada de ningún lugar. Sin saber si podemos confiar en la persona que nos mira de reojo o aquella que desde enfrente simula su franqueza. La vida dejó de ser un sueño para pasar a ser una incógnita real, una obligación, una ley de vida que no supimos cambiar. Algunos y algunas siguieron el camino lógico. Otras y otros nos perdimos mirando las estrellas.

Yo hoy las miro y me dan miedo. Son muchas. Pueden conmigo. No me gusta compartir esos momentos sólo con ellas. Ya nadie mira arriba. ¿dónde están? Muchas personas dicen que dejaron de existir hace años e, incluso, siglos… tal vez fue en el momento en el que dejamos de mirarlas con alguien. El capitalismo nos invadió el alma. No sé… tal vez, lo subliminal pudo más de lo que se creía… sí. Un modo de vida nos invadió.

La vida de las personas adultas, la ley de vida. Las estrellas que queremos ser y que no nos gusta mirar. Dejamos de compartir momentos, dejamos de recordarlos. Ya no somos los que fuimos, ya no guardamos las esencias. Y, como las estrellas, sólo somos el reflejo de lo que un día creímos ser. 

¿A dónde nos hemos ido…?

DSCN3571

“Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá.”





en todos los lugares te encuentro

21 07 2009

Es difícil volver a decidir marchar, volver a hacer la maleta, volverme a ir lejos, más lejos. Irme a un lugar que siempre me trae recuerdos, un lugar de donde son mis mejores recuerdos. También algunos de los peores. Volver a empezar aun por un tiempo corto o indefinido. Quién sabe.
Es difícil volverme a marchar cuando parece que no queda nada más por romper, cuando ya está claro que todo va a terminar -¿no había acabado ya?-. Sí, será lo mejor irme de una vez.
Irme una vez más. Soportar la distancia de los kilómetros y no la distancia del tiempo. La distancia próxima que no aguanto. Será lo mejor, marchar otra vez. A pesar del miedo de encontrarte en medio de la soledad, una vez más. Cada vez que marcho te acabo encontrando.
Hoy me es difícil sacar el valor para marcharme y cerrar, de una vez, ese libro que siempre quedará a medias, inacabado. Ese libro releído una y mil veces y que siempre dejamos a medias, que siempre quedó tirado en algún lado. Será mejor olvidar, aunque cerrándolo sienta que perdí el tiempo intentando terminarlo -o intentando no terminarlo nunca-. Aunque tras tanto desgaste aún cueste más marchar, más de lo que costó hace un año, hace tres. Y aquí estamos, una vez más. O aquí estoy intentando aceptar el paso del tiempo, el fin de las cosas que nunca quise acabar…

entodosloslugares 

“En todos los lugares te encuentro,
en todos los lugares me siento un habitante más”





visibles

3 07 2009




autodestrucción…

17 05 2009

Hay personas que somos autodestructivas. Somos muchas, pero mucha gente no nos entiende. Nos gustan las canciones más tristes, las películas más dramáticas y escribir cosas absurdas hablando de nuestra vida. Esas cosas que no le deben de interesar a nadie, pero nos creemos con la necesidad de explicar cómo nos sentimos.

Algunas personas creen que sufrimos por decisión personal porque la vida, en general, nos parece una mierda. No importa qué nos pase. No importa que tengamos trabajo o no. No importa que tengamos pareja, amigos o que estemos solos o solas. Pero lo que nos pasa es que nos da igual tener una hipoteca, una casa y casarnos antes de los treinta.

No queremos una vida convencional, pero nos jode no ser “normales”. Todo sería más fácil. Llevo demasiado tiempo analizando a las personas de mi edad (rondando este temido cuarto de siglo) que son tan autodestructivas como yo. Estamos jodidas y jodidos. Sin pareja, viendo como el resto de personas normales continúan con su vida tranquilamente. Miramos cómo nos estamos quedando atrás, aferrándonos a los recuerdos, al pasado. Queriendo alargar la barrera de los 25, de los 30, de los 35.

No entendemos por qué la gente cambia, se olvida de las cosas que en un momento te dieron la vida. No todas las personas somos capaces de olvidar. Todo lo sentimos más. Lo bueno, lo malo. Pero nos autodestruimos así. Es mejor una vida sin altibajos. Una vida tranquila, estable. Un trabajo fijo. Buscar la salida que todo el mundo encontraría rápidamente.

Nos sentimos seres extraños allá donde estemos. No lo podemos remediar. Nos pasamos media vida buscando nuestro lugar y, la otra media, recordando el momento en el que lo encontramos pero no nos dimos cuenta que lo era y lo dejamos escapar. No nos gusta llorar, pero no podemos evitar hacerlo. Es una forma de expresarnos y de sentir. Siempre estamos en transición, siempre en ningún lugar, en medio de todo, en medio de la nada.

Hace poco leí un libro de Isabel Allende, “Mi país inventado”, del que me he quedado con unas cuantas frases que creo que también salían de una persona que vivió exilios de todo tipo. Dejo un fragmento que resume muy bien todo esto que hoy necesito expresar:

“Una vez oí decir a una famosa escritora afroamericana que desde niña se había sentido extraña en su familia y en su pueblo; agregó que eso experimentan casi todos los escritores, aunque no se muevan nunca de su ciudad natal. Es condición inherente a este trabajo, aseguró; sin el desasosiego de sentirse diferente no habría necesidad de escribir. La escritura, al fin y al cabo, es un intento de comprender las circunstancias propias y aclarar la confusión de la existencia, inquietudes que no atormentan a la gente normal, sólo a los inconformistas crónicos, muchos de los cuales terminan convertidos en escritores después de haber fracasado en otros oficios. Esta teoría me quitó un peso de encima: no soy un monstruo, hay otros como yo.”

A mí también me dejó más tranquila leer este texto…

PD: El gran Antonio Vega fue uno de los nuestros. Se nos fue después de una eterna lucha consigo mismo en la que se dejó ganar. A él también le dolía la vida. La eterna lucha de gigantes.





cultura

4 04 2009

“Cuando se me planteó la exigencia de medir la cultura, vi que la cultura debía ser precisamente aquella condición que excluye una mentalidad capaz de medirla”

Theodor Adorno





la tela invisible de araña…

12 01 2009

arboles

Anoche volví a soñar contigo. Éramos amigas. Íbamos a cenar pizza y beber sangría. Anoche volvíamos a hablar de nosotras, aunque no habláramos nunca de cosas importantes. Otra vez, volviste a aparece en mis sueños. No sé por qué has aparecido tantas veces en todo este tiempo en el que no he sabido de ti.

Quizás no te ayudé como debía haberlo hecho cuando pasaste por el momento más difícil de tu vida. Pero no conseguía sacarte las palabras. No conseguí que me contaras qué te pasaba, que te abrieras a mí. Y así fuimos creando una amistad que se basó en el tiempo y no en la confianza.

Y cuando llegó el espacio, el tiempo dejó de tener sentido.

Ya no guardas mi teléfono. Ya no guardamos ni una tarde para tomar un café y hablar de las cosas pequeñas que vivimos. Pero sigues apareciendo en mis sueños. Como si fueras la infancia que, de tanto en tanto, necesito recuperar. Anoche nos íbamos a cenar. Hablábamos de nosotras, nos reíamos, todo era como antes. Antes de que cruzara esa línea que me separó de todo aquello que me mantuvo protegida durante mucho tiempo. Antes de que se acabara ese pequeño espacio de tiempo en que duró la inocencia que, poco a poco, se fue difuminando.

Y sigues apareciendo por las noches. Aunque ya no te acuerdes de mí –o tal vez sí, quién sabe-. Éramos amigas. Pero apareció aquella línea y dejamos de tener cosas en común. Nosotras fuimos otras. Y ahora ninguna somos aquello que fuimos. Y sé que ya nada nos une, pero me siguen poniendo triste las noches en las que apareces en mis sueños, como si nada hubiera cambiado. Como si todo fuera estable. Como si aún pudiera contar contigo…





espejismos

27 12 2008

En estos días en los que buscamos la familia. En los que no sabemos qué es. En los que queremos definir nuestra vida, nuestro año, nuestras metas. En estos días intento saber si he dejado más cosas atrás de las que he ganado, si he sabido jugar con el tiempo y aprovechar lo que hay en mi mundo. En estos días en que intento construir mi mundo.

En estos días estoy y no estoy. Observo todo desde fuera. Cómo si todo fuera ajeno a mí. Como si nada me llegara. Como si tuviera una máscara. Y ni las velas de la cena me dan el calor que quiero…

Y mi sonrisa dibujada intenta aparentar una tranquilidad que ansío encontrar y que no tengo.

Y solo un abrazo que pensaba que no iba a llegar… Y, otra vez, cercanía y distancia al mismo tiempo. Y las velas a punto de apagarse. O a punto de volverse a encender.

En estos días que parece que hay de todo. Y no hay nada que dure más que una cena. En estos días en los que todo son luces en la calle que no dejan ver todo lo que hay detrás de ellas. En estos días de crisis, de búsqueda de una oportunidad. En estos días en los que todo acaba y todo vuelve a empezar.

Y un abrazo que no cambia… aunque nada sea igual. El calor que buscaba, por un instante permaneció. Volverá. Se irá. Todo sigue su curso y sólo nos queda jugar con el tiempo de descuento que nos va quedando. Quitarnos la máscara de vez en cuando. Dejar que se consuman las velas. Comerse los langostinos y brindar por la felicidad que seguimos buscando de forma constante sin saber si existe… o si algún día aparecerá.

Y ese abrazo que ahora no puedo olvidar…

noche buena

“…riu amb mi fins que et faltin les forces,
la comèdia no s’acaba aquí
…”





el tercer gato negro

14 12 2008

Más de una vez he escuchado esa frase que dice que cuando miras a un amigo no necesitas preguntarle cómo está para saberlo. Y me encanta que eso me pase, aunque me haya quedado con ganas de tener más tiempo para hablar tranquilamente con cada uno de vosotros.

A veces, la vida te pone a prueba. Tenemos mil historias dentro qué contar, de las que hablar, qué compartir. Este año nos han pasado mil cosas que nos han hecho tener que ser más fuertes. Pero hemos podido con ellas. No hemos estado solos. Y todo lo que me llevo de este año no lo cambiaría por nada del mundo. Después de tanto quejarme por cosas que van y vienen, sé que tengo lo que importa. Aún queda muchos momentos difíciles y estamos intentando salir de algunos tragos algo amargos, pero estamos ahí y no estaremos solos.

El esfuerzo que habéis hecho sólo por darme una noche especial, porque sabíais todo lo que significaba para mí, no lo voy a olvidar. Y esta vez, el gato negro, será el de la buena suerte.

Gracias.

No se me ocurre otra canción qué poner hoy.

Y ahora una tarde de domingo en un autobús… cuánto os estoy echando de menos este año!





y ahora… ¿qué?

25 06 2008

Parece que esto se acaba. Aún no estoy segura, pero todo indica que sí (no quiero adelantarme). Y ahora… ¿qué? Volveremos a empezar en alguna parte, encontrar un lugar, encontrar algo que de verdad queramos hacer. Quedarnos aquí con lo que hay. Creer en lo que tenemos o ¿buscar? Encontrar. Parece que se acaba esto.

Al final pasó más rápido de lo que parecía. O llegó lo que creíamos que no llegaría jamás por tanto hablar de ello. Pero ahora parece que está aquí. Aún no sé si será el final. O el principio de todo. Un cruce de todo, un cruce de nada. Y ahí estamos ahora. En la nada. Ahora sólo queda buscar un camino. Buscar las flechas amarillas. Buscar dentro y elegir. Marchar o quedarse. Quedarse y marchar.

Marchar quedándose.

Después de nueve meses sin dormir esperando. Sólo queda la última señal. La última despedida. Para buscar algo nuevo qué hacer. Y que, entonces, estos nueve meses que terminan se conviertan en un tiempo de preparación. Que por fin este tiempo sirva para algo, ya que hasta ahora no han traído muchas cosas buenas. Que nos ayuden a seguir en algún lugar. Pero que no nos dejen en este momento, aquí, tirados. No podemos estar parados tanto tiempo. No podemos seguir así. Aunque duela tanto tomar decisiones. Aunque cueste tanto terminar. Aunque cueste tanto empezar…

Sin saber por dónde. Empezar.

“…porque todo empieza cerca del final…”





La felicidad y los sueños

3 03 2008

Estoy leyendo el libro El viaje a la Felicidad. Nuevas claves científicas, de Eduardo Punset. Es un libro un poco extraño y muy científico por lo que voy bastante lenta (tranqui Elvi, algún día lo acabaré, jaja). Hoy he leído un capítulo que me ha gustado bastante que habla de algunas pistas que nos llevan a la felicidad y me he sentido bastante identificada con dos de ellas:

1. La felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad.

2. La felicidad es la ausencia de miedo.

Estamos apañados. La primera significa que somos más felices cuando estamos esperando que llegue algo que sabemos que va a llegar que en el momento en que lo conseguimos. Es entonces cuando esas cosas pierden valor y dejamos de ser felices. Llevo unos meses pensando en esta teoría, porque aunque parezca simple, es mucho más importante de lo que parece. Cuando hoy la he visto escrita en un papel y con unas justificaciones científicas (que soy incapaz de comprobar o contrastar, así que me las creo) me he dado cuenta de que en realidad estaba en lo cierto. Y era algo que me daba (y me da) mucho miedo, tal vez sea una de las cosas que más miedo me da ahora mismo.

Y aquí entra la segunda: la felicidad es la ausencia de miedo. El miedo nos deja incapacitados para todo. Nos deja paralizados, no podemos seguir adelante si tenemos miedo. El miedo es necesario para hacernos escapar de situaciones malas, pero a veces no nos deja entrar en las buenas. ¿Es posible no tener miedo? Yo soy incapaz y a mi alrededor no paro de comprobar que no soy la única que siente terror hacia la mayor parte de las cosas que forman parte de “nuestra” (la que cada uno inventamos) realidad.

Conclusión de estos dos puntos: soy incapaz de ser feliz. Sinceramente, creo que sí sigo valorando las cosas cuando las tengo, pero por eso mismo me da tanto miedo que el resto de la gente deje de valorarlas. Y este es sólo uno de los miedos que no me dejará ser feliz.

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Y como sólo un libro no me explica las extrañezas de mi mente, estoy intentando averiguar el porqué de las cosas raras que sueño. Me he enganchado a la interpretación de los sueños. Esto es como leer el horóscopo, aunque no te creas nada, esperas que te acierte todo. Realmente no sé qué tendrá de verdad y de mentira esto de los símbolos de nuestro subconsciente, pero ayer encontré una web sobre el significado de los sueños y busque algo que soñé hace poco y me dejó de piedra al ver la razón que tenía. Hoy he vuelto a repetir la operación porque me he levantado alterada sin saber por qué y luego me he acordado de otro sueño que he tenido. Al ver lo que significaba, me he vuelto a quedar de piedra. En fin, si esto de los sueños es verdad… la mentre humana es muy rara.








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