“Cuando se me planteó la exigencia de medir la cultura, vi que la cultura debía ser precisamente aquella condición que excluye una mentalidad capaz de medirla”
Theodor Adorno
“Cuando se me planteó la exigencia de medir la cultura, vi que la cultura debía ser precisamente aquella condición que excluye una mentalidad capaz de medirla”
Theodor Adorno
Tantas cosas tengo en la cabeza que se me hace imposible centrarme. Demasiadas cosas qué hacer y pocas ganas de hacer nada. Aquí ando… perdida y buscando mi lugar. Un sitio donde esconderme. Y hoy me toca escribir sobre los cuidados, sobre el cuidado que todas las mujeres han dedicado a los demás sin recibir el cuidado de nadie que, como todas las personas, también necesitaban. El cuidado, aquello a lo que nos han enseñado desde pequeñas, y que hoy necesito yo. Porque todos somos dependientes alguna vez.
El mundo se nos hace grande y pequeño al mismo tiempo. Y así vamos todos. Buscando un trabajo, buscando motivaciones, una forma de ser feliz. Algo que haga que el lunes nos levantemos a las siete de la mañana sin pensar que es un castigo.
Pero necesitemos que alguien nos prepare el café por la mañana, que alguien nos busque al llegar a casa, que alguien esté esperándonos, sea donde sea, y nos de un abrazo. Que alguien nos cuide.
Pero… quién cuidará de nosotras… sólo nosotras mismas… tal vez unas de otras. Tal vez reconduzca mi camino.
Y este domingo en el que no puedo dejar de pensar. De ir de un lado a otro. De recordar y añorar. De querer olvidar y recordar más y más. De querer ser autosuficiente y ser cada vez más dependiente.
Se acaba de cerrar otra puerta. Y sólo estoy yo aquí. Pero mañana me tendré que volver a levantar, un lunes más, a las siete de la mañana. Y será otro día más, otra oportunidad de estar bien o de estar mal. En mi refugio que soy yo misma.
Aquí no hay nada más. Nadie más.
Foto: El espejo imposible
Parece que esto se acaba. Aún no estoy segura, pero todo indica que sí (no quiero adelantarme). Y ahora… ¿qué? Volveremos a empezar en alguna parte, encontrar un lugar, encontrar algo que de verdad queramos hacer. Quedarnos aquí con lo que hay. Creer en lo que tenemos o ¿buscar? Encontrar. Parece que se acaba esto.
Al final pasó más rápido de lo que parecía. O llegó lo que creíamos que no llegaría jamás por tanto hablar de ello. Pero ahora parece que está aquí. Aún no sé si será el final. O el principio de todo. Un cruce de todo, un cruce de nada. Y ahí estamos ahora. En la nada. Ahora sólo queda buscar un camino. Buscar las flechas amarillas. Buscar dentro y elegir. Marchar o quedarse. Quedarse y marchar.
Marchar quedándose.
Después de nueve meses sin dormir esperando. Sólo queda la última señal. La última despedida. Para buscar algo nuevo qué hacer. Y que, entonces, estos nueve meses que terminan se conviertan en un tiempo de preparación. Que por fin este tiempo sirva para algo, ya que hasta ahora no han traído muchas cosas buenas. Que nos ayuden a seguir en algún lugar. Pero que no nos dejen en este momento, aquí, tirados. No podemos estar parados tanto tiempo. No podemos seguir así. Aunque duela tanto tomar decisiones. Aunque cueste tanto terminar. Aunque cueste tanto empezar…
Sin saber por dónde. Empezar.
“…porque todo empieza cerca del final…”

Declaración Universal de los Derechos Humanos, 10-12-1948
Artículo 23
1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
Artículo 24
Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.
No puedo entender cómo pueden seguir ocurriendo estas cosas:
“Una clínica gaditana reduce el sueldo a las enfermeras que no llevan falda corta“
Sin comentarios…
Llevo una semana bastante extraña… entre intentando estudiar, escribir, pensar y aclararme las ideas. Además hoy la crisis económica y profesional ha vuelto. Después de trabajar en prácticas durante tres meses, como ya imaginaba, no me van a pagar ni un duro. Dentro de dos semanas empiezo en otro sitio donde estaré tres meses y me pagarán 375 euros, o lo que es lo mismo, 1,25 euros la hora. El sábado además, en pleno botellón tuve un interesante debate político sobre el tema de las becas y las ayudas a los estudiantes, que no reproduciré aquí porque escuché muchas cosas que sigo sin asimilar.
Sinceramente, hoy me siento culpable por aceptar un trabajo donde pagan una miseria o donde ni pagan. No entiendo por qué los estudiantes permitimos que hagan esto con nosotros y, en concreto, los estudiantes de periodismo. El que una profesión tan ligada a los principios democráticos y que además cuenta con la fuerza de los medios de comunicación para hacerse oír continúe en este estado de precariedad, me parece algo sin sentido. No lo entiendo. En fin… que si encuentro otro trabajo donde me paguen algo más digno, a la mierda las prácticas. Y eso que son las únicas en las que me van a pagar algo.