regalos

8 04 2008

No hay nada que me guste más que un regalo inesperado. Un detalle que llega porque sí, porque otra persona se acuerda de ti en un momento determinado y quiere hacerte feliz, aunque sólo sea un poquito. Y aunque esto pueda parecer una tontería, a mí me llena de ilusión. Hoy no hemos tenido mucho tiempo para divagar tanto como nos gusta y además estábamos un poco cansadas, pero hoy también me has cambiado el ánimo a mí. Simplemente, gracias por todo. Las pequeñas cosas son las que me hacen feliz.

He tenido otro regalo. He ido a ver a mi abuela -bueno, mi yaya- recién llegada del pueblo y no me ha dado nada (sin contar la merienda obligada), pero me ha acabado de “despertar”. Durante mi exilio erasmus, fue una de las personas que más eché de menos y desde entonces valoro mucho más cada momento que paso con ella. No sé por qué, sé que hoy me ha visto diferente (Elvi, tenías razón, se enteran de todo). Sé que se ha dado cuenta de que no estoy en mi mejor momento. Al despedirme de ella, me ha dicho: “ánimo”. Una palabra que creo que nunca me había tenido que decir. Siempre era yo la que la animaba con tonterías para hacerla reír. Supongo que alguna vez me ha dicho algo parecido, pero no de esta forma…

Creo que ya va siendo hora de cambiar de actitud…