autodestrucción…

17 05 2009

Hay personas que somos autodestructivas. Somos muchas, pero mucha gente no nos entiende. Nos gustan las canciones más tristes, las películas más dramáticas y escribir cosas absurdas hablando de nuestra vida. Esas cosas que no le deben de interesar a nadie, pero nos creemos con la necesidad de explicar cómo nos sentimos.

Algunas personas creen que sufrimos por decisión personal porque la vida, en general, nos parece una mierda. No importa qué nos pase. No importa que tengamos trabajo o no. No importa que tengamos pareja, amigos o que estemos solos o solas. Pero lo que nos pasa es que nos da igual tener una hipoteca, una casa y casarnos antes de los treinta.

No queremos una vida convencional, pero nos jode no ser “normales”. Todo sería más fácil. Llevo demasiado tiempo analizando a las personas de mi edad (rondando este temido cuarto de siglo) que son tan autodestructivas como yo. Estamos jodidas y jodidos. Sin pareja, viendo como el resto de personas normales continúan con su vida tranquilamente. Miramos cómo nos estamos quedando atrás, aferrándonos a los recuerdos, al pasado. Queriendo alargar la barrera de los 25, de los 30, de los 35.

No entendemos por qué la gente cambia, se olvida de las cosas que en un momento te dieron la vida. No todas las personas somos capaces de olvidar. Todo lo sentimos más. Lo bueno, lo malo. Pero nos autodestruimos así. Es mejor una vida sin altibajos. Una vida tranquila, estable. Un trabajo fijo. Buscar la salida que todo el mundo encontraría rápidamente.

Nos sentimos seres extraños allá donde estemos. No lo podemos remediar. Nos pasamos media vida buscando nuestro lugar y, la otra media, recordando el momento en el que lo encontramos pero no nos dimos cuenta que lo era y lo dejamos escapar. No nos gusta llorar, pero no podemos evitar hacerlo. Es una forma de expresarnos y de sentir. Siempre estamos en transición, siempre en ningún lugar, en medio de todo, en medio de la nada.

Hace poco leí un libro de Isabel Allende, “Mi país inventado”, del que me he quedado con unas cuantas frases que creo que también salían de una persona que vivió exilios de todo tipo. Dejo un fragmento que resume muy bien todo esto que hoy necesito expresar:

“Una vez oí decir a una famosa escritora afroamericana que desde niña se había sentido extraña en su familia y en su pueblo; agregó que eso experimentan casi todos los escritores, aunque no se muevan nunca de su ciudad natal. Es condición inherente a este trabajo, aseguró; sin el desasosiego de sentirse diferente no habría necesidad de escribir. La escritura, al fin y al cabo, es un intento de comprender las circunstancias propias y aclarar la confusión de la existencia, inquietudes que no atormentan a la gente normal, sólo a los inconformistas crónicos, muchos de los cuales terminan convertidos en escritores después de haber fracasado en otros oficios. Esta teoría me quitó un peso de encima: no soy un monstruo, hay otros como yo.”

A mí también me dejó más tranquila leer este texto…

PD: El gran Antonio Vega fue uno de los nuestros. Se nos fue después de una eterna lucha consigo mismo en la que se dejó ganar. A él también le dolía la vida. La eterna lucha de gigantes.

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7 responses

18 05 2009
elvira84

“No queremos una vida convencional, pero nos jode no ser “normales””… ay! qué razón tienes! A veces es jodido, pero no sabes cómo me alegra no llevar esa vida… iba a poner ‘todavía’ pero no hace falta, creo que ya estamos marcadas, jajaja! Ay! que de chorradas digo a estas horas… na, sólo quería decir que no llevamos en la sangre la búsqueda de hombre-casa-coche-jardin-niños-piscina-vacaciones-en-la-playa, todo junto.
Joer, que son las 7 menos cuarto y estoy muy espesita… que tengas un buen día, Inmi!!

18 05 2009
caoticainma

Gracias por escribir guapa!
Sí, la verdad es que yo también me alegro de ser así… aunque sea duro.

19 05 2009
epepota

¿por qué lo ves como autodestrucción?

19 05 2009
caoticainma

Porque el principal problema de las personas “autodestructivas” es que se hacen daño a sí mismas… es decir, ante una vida sin problemas demasiado grandes, no buscamos la solución fácil… nos quedamos escribiendo sobre nuestra pena.

21 05 2009
elvira84

Jajaja! qué grande eres!!!

23 05 2009
Mar

Me ha encantado Inma

10 06 2009
gurpegui

¡Ay la marca de Caín! Estoy de acuerdo, mucho me temo que no desaparece con el tiempo. Pero aquellos “normales” que uno envidió, al acercarse la treintena han sido despojados de su alma y devorados, pasando a engrosar las filas del ejército de los zombies. ¡Resiste Inma!. Nada como los textos de quienes hallaron su salida, para aprender a buscar la nuestra; Hermann Hesse, Aleister Crowley…

Un entretenido juego, el favorito de la pirómana Mamimi en FLCL, tenía este manual de instrucciones:

—————-
Bienvenido a Endsville, el pueblo demoníaco
Es un pueblo oscuro, una ciudad de demonios
Una oscuridad invisible ha infectado los corazones de la gente. Corroe el mundo y continúa extendiéndose. No se detendrá hasta que Endsville lo haya consumido todo
Esta ciudad convierte en real el deseo antes imposible de lograr de conquistar el mundo. Finalmente todo el mundo será como Endsville, y toda la gente en el mundo será como los habitantes de Endsville. Gobiernos, negocios e iglesias se afiliarán a Endsville, y también todas las escuelas serán como escuelas de Endsville.
Orgullo, obsesiones que fingen ser amor, éticas débiles, igualdad distorsionada; este lugar está lleno de presas fáciles pera los demonios. Está atestado de fruta que cuelga de las ramas bajas de los árboles.
¡Detén el consumo de Endsville!
Como apóstol del Dios de la Llama Negra, Lord Kanchi, debes detener el crecimiento de Endsville, que no sabe cómo detenerse sólo.
¡Ten cuidado! Si te relajas durante un momento, entonces el pueblo demoníaco se hará más grande.
El único arma que se te ha dado para detener esta expansión es fuego -la llama sagrada y purificadora-: cerillas, mecheros, bombas incendiarias, explosivos y cigarrillos. Si arde, puedes usarlo. La debilidad del pueblo demoníaco es el fuego.
Obtén los objetos, evita a la policía, engaña a los bomberos, y haz arder el pueblo del demonio.
Ahora, ¡Adelante! ¡Desata la llama purificadora!
Sin embargo…
Hay algo que no deberías olvidar, algo que no puedes hacer. A pesar de las poderosas llamas que tienes bajo tu control, no puedes quemarlo todo a la vez. Después de todo, si quemas toda la ciudad, no te quedará ningún sitio en el que vivir.
Así, no puedes vencer en tu batalla. Una y otra vez, sin fin, harás arder la ciudad sin corazón.
Esta es tu misión, elegido.
Ve con la bendición de Lord Kanchi, Dios de las Llamas Negras.
—————-

Pero ella misma, al realizar su ritual para llamar a su Lord Kanchi, decía así:

—————-
Lo sé.

No soy una excepción. Nací en Endsville, así que la maldición también está en mi cuerpo.

Sin embargo, soy distinta del resto. Los otros demonios, no se dan cuenta de que son demonios. No saben que están en Endsville. Sin darse cuenta, extienden Endsville a lo largo del mundo. En eso es en lo que nos diferenciamos: yo soy la persona que detendrá la propagación de Endsville, aquella que limpiará esta ciudad con llama sagrada y salvará el mundo. He protegido este mundo, día tras día, con ese poder.

¡Rezo por la bendición del Dios de la Llama Negra! Lord Kanchi, soy tu dócil sirviente, aquella que blande la llama negra. Te lo ruego, lléname con tu espíritu santo.
—————-

¡Salud compañera!

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