consecuencias de un amor romántico

20 08 2010

Echo de menos sentirme a salvo. Sentirme protegida. Echo de menos unos brazos que me rodeen. Tus brazos. Los echo de menos. Creo que nunca te lo dije. Me gustan tus brazos. Los echo de menos. Tu forma de abrazarme. Me hacía sentir a salvo. Echo de menos sentirme a salvo.

Pero te tendré que dejar en el cajón de las cosas muertas. De los recuerdos que ya nunca serán. Junto a aquellos veranos en los que las noches no terminaban nunca. Junto a aquellas tardes tirados en cualquier lugar. Viendo la vida pasar.

Ya nunca más me volví a sentir a salvo. Pocas veces desapareció esta ansiedad. Es como estar siempre en un precipicio a punto de saltar. Pero no saltar nunca. Tener siempre dentro esa tensión… como si fuera a caer, como si me fueras a empujar.

Echo de menos cuando tus brazos me cogían. Me abrazaban. Cuando nos cuidábamos. Cuando te abrazaba. Cuando me escuchabas. Cuando no querías irte. Cuando no miraba a este abismo que hoy nos separa.

Ahora sólo puedo salvarme yo. Nunca debí esperar que otros lo hicieran. No me enseñaron a querer bien, me enseñaron a querer demasiado. Y ahora ya no sé cómo sentir la tranquilidad que sentía contigo, cuando tú me protegías. Es curioso sentir que la única persona que me ha protegido sea la misma que ahora me empuja a este precipicio. Los mismos brazos. Los que echo de menos.

Y entre tus reflejos ahí estás. Escapando. Te vas cada vez más lejos. Y yo intento protegerme, pero nunca me enseñaron a hacerlo. No sé cómo hacerlo. Estoy cansada de tus reflejos. De tus señales. De tus idas y venidas.

Voy a saltar. Y ya no espero que me salves…





Ansiedad

15 08 2010

Todo desordenado a tu alrededor y no ves nada. No ves nada. Ves todo. Todo. Todo inunda esta habitación. Y por dentro explotan las ganas de llorar. Los nervios. Te ahogas. Otra vez, ansiedad. Todo está desordenado. Como esta habitación. Llena de todo, vacía de todo. Quieres otra cosa y no puedes escapar. No sabes a dónde ir. Y por dentro explotan las ganas de llorar. De marchar. De tenerte que ir. De volver. De no llegar nunca a algún lugar. Soledad. Otra vez. Haces como que estás bien. Vuelven a ti las ganas de explotar. De salir, de llegar, de no tenerte que marchar. ¿Dónde se quedó aquel sentimiento de tranquilidad? ¿Dónde están las ganas de quedarse en algún lugar? De estar bien. De estar bien aquí, ahora, en este lugar. Sin la necesidad de estar con alguien. Sin sentir la soledad. Y haces como que todo está bien. Vuelven las ganas de explotar. Y lloras por dentro. Nervios. Ansiedad. Noches vacías. Días muertos. Ansiedad. ¿Por dónde empezar a caminar?