Días que se escapan de las manos…

5 08 2011




Con hoy es suficiente y mañana es demasiado

21 07 2011

En este caminar en círculos que es mi vida, volví aquí. Aquí todo es nuevo y viejo cada día, al mismo tiempo. Vivo en una casa que da la espalda a mi vieja casa. Intentando no ver los recuerdos a la cara, pero sin alejarme de lo que me sigue uniendo a este lugar. Y lo que ya no me une a él. Todo es viejo y nuevo a la vez.
Hoy parece que no queda nada de todo aquello. Aunque vengan reflejos, de vez en cuando. Noches en las que parece no haber pasado el tiempo…
Y ha pasado tanto… Cuatro años. Ya no somos las mismas personas. Aunque, a ratos, los recuerdos entren en mi habitación sin llamar a la puerta. Aunque huyas. Aunque me preguntes por qué he vuelto. Aunque me mires con miedo y me digas que te acuerdas de aquel momento.
Y seguí adelante. También aquí. Aquí donde ahora todo es diferente. Donde, por fin, después de tanto tiempo estoy bien. Y sé que ahora empieza el inicio de los últimos días. Las despedidas. Las maletas. Papeleos. Despedidas. Despedidas.
Y, otra vez, me tengo que marchar. Ya cuento los días sin querer que pasen. Pero pasan. Y crece el miedo. Dejar tantas cosas atrás da miedo. Volver a empezar da miedo.





Ansiedad

15 08 2010

Todo desordenado a tu alrededor y no ves nada. No ves nada. Ves todo. Todo. Todo inunda esta habitación. Y por dentro explotan las ganas de llorar. Los nervios. Te ahogas. Otra vez, ansiedad. Todo está desordenado. Como esta habitación. Llena de todo, vacía de todo. Quieres otra cosa y no puedes escapar. No sabes a dónde ir. Y por dentro explotan las ganas de llorar. De marchar. De tenerte que ir. De volver. De no llegar nunca a algún lugar. Soledad. Otra vez. Haces como que estás bien. Vuelven a ti las ganas de explotar. De salir, de llegar, de no tenerte que marchar. ¿Dónde se quedó aquel sentimiento de tranquilidad? ¿Dónde están las ganas de quedarse en algún lugar? De estar bien. De estar bien aquí, ahora, en este lugar. Sin la necesidad de estar con alguien. Sin sentir la soledad. Y haces como que todo está bien. Vuelven las ganas de explotar. Y lloras por dentro. Nervios. Ansiedad. Noches vacías. Días muertos. Ansiedad. ¿Por dónde empezar a caminar?





Hasta que todo te encaje

31 05 2010

“Hasta que vuelva a creer,
hasta que todo te encaje.
Hasta que vuelva a desaparecer,
hasta que vuelva a creer,
hasta que todo te encaje.”

Quique González, Hasta que todo te encaje

¿Dónde existen amores que no cuesten trabajo?

 





dudas existenciales

31 05 2010


¿Cómo se termina con las cosas que nunca empezaron?





espejismos

2 05 2010

Creo que no fue miedo. Tal vez haya acabado siendo algo filofóbica… pero creo que no fue miedo. Alguna vez, vi algún reflejo. Alguna vez, vi cosas que no sé si quise ver.  No vi otras que –quizás- debí ver. Me hubiera gustado ser, o estar, diferente para poder haber dejado un hueco, un espacio, por donde dejarte llegar. Un lugar por donde empezar a ir.

Por dónde empezar a andar…

Creo que no supimos qué queríamos. Quizá eso fue lo bueno. No nos pedimos nada. No esperábamos nada. Ninguno estaba en un buen momento. Y no quisimos esperar cosas que no tenía sentido esperar. Pero eso me hacía sentir bien contigo. Conmigo. Hacía mucho que no había sentido algo así…

Hoy, soy yo. Libre. Sola. Libre. Yo. No tengo nada y me tengo a mí. No me importa no saber a dónde ir, por dónde empezar… aún tengo demasiadas cosas por hacer. Por fin me convertí en esa tabla de mi propia salvación. Aunque a la deriva, pero sigo viviendo

Volví a escuchar canciones. Volví a ir a los lugares prohibidos. Volví a dormir, a soñar, a vivir. Quizás la filofobia fue algo de las muchas cosas que aún me quedan de ti. Pero hoy puedo mirarte de frente. Hoy puedo mirarte sin venirme abajo.

Quizás me hubiera gustado que todo fuera diferente. Aprender a pasar página. Aprender de los errores y seguir adelante sin mirar atrás. El pasado me encadena sin sentido… creo que a ti te pasa lo mismo.

Me hubiera gustado saber si había algo más. Si no lo había. Me gustó que no nos pidiéramos nada. Me gustó no esperar nada de ti, aunque creo que quizás alguna vez eso pudo desesperarte. Hacía demasiado tiempo que no me sentí así. Sin exigencias, sin compromisos, sin obligaciones, sin nada que perdonar, ni olvidar. Me gustó que todo fuera nuevo.

Y así vivo mis espejismos. Entre cosas que fueron y cosas que son. Entre cosas que no fueron y cosas que ya no existen. Cosas que no son. Así vivo mis historias. Las que no existen, las que no sé si existieron. Entre destellos especiales. Espejismos de felicidad. Pero son mis historias…

Ahora sólo estoy yo. Sola. Libre. Yo. Al final, los finales felices pocas veces existen, sólo importa tener cosas que empezar. Qué importa esta incertidumbre… Qué importa seguir buscando por dónde empezar. Al fin y al cabo, nunca quise una vida convencional.





el peso de los pasos

11 04 2010

Tantas cosas dejó atrás que no sabía por dónde volver a empezar. Y, sin embargo, había tantas cosas dentro de aquella mochila que, cada día, le costaba más caminar.

Los pasos se hacían duros.

No había una dirección por la que dirigirse. No había una salida. No había una opción. No había nadie a su lado.

Dejó atrás todas las cosas que le hacían sentir bien. Ahora, no quedaba nada. Quería volver atrás. Volver a empezar un camino que nunca debió haber dejado. O, tal vez, sí. ¿Cómo saberlo? Las decisiones que tomamos nos acompañan toda la vida. Cada decisión implica dejar cosas atrás. Lo bueno. Lo malo.

Pero dejó muchas cosas por el camino. Y siguió avanzando con una mochila que, aún, pesaba demasiado. ¿Qué hacer con todas esas cosas que siempre acaban a las espaldas? Quizás, sería más sencillo volver atrás y recuperar las cosas que le hicieron sentir bien. Tirar la mochila. Volver a poder caminar sin ataduras. Sin nada que no le dejara seguir su camino.

Pero… ¿dónde estaba su camino? Ya no había forma de volver atrás. Sólo podía seguir adelante. Deshacerse de esas cosas que le seguían pesando, aunque fuera lo único que le uniera con las cosas que, un día, le hicieron sentir bien.

Y siguió caminando. Buscando ese cartel indicador que le guiara hacia alguna parte…

En un cartel indicador que me pintaras
tu nombre y una flecha que me guiara