claro en la noche

29 01 2009

El ave que no encontró consuelo vuela perdidamente
sin más razón que la desobediencia.

Roza las hojas altas sin posarse
cuando el silencio desenreda la luz
para probar su transparencia oscura.

El aire aguarda, donde el ramaje está entreabierto,
hasta saber por qué la claridad
no puede verse. Cómo desea el silencio
de la luz escuchar
otra vez el silencio en las palabras.

La interrupción comienza siempre.
Ajena a todo nombre, el ave pasa.

Antonio Méndez