darse cuenta

3 01 2008

Me levanto una mañana,
salgo de mi casa,
hay un socavón en la acera,
no lo veo,
y me caigo en él.

Al día siguiente
salgo de mi casa,
me olvido de que hay socavón en la acera,
y me vuelvo a caer en él.

Al tercer día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
de que hay socavón en la acera.
Sin embargo no lo recuerdo, y caigo en él.

Al cuarto día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
del socavón en la acera.
Lo recuerdo,
y a pesar de eso,
no veo el socavón y caigo en él.

Al quinto día,
salgo de mi casa.
Recuerdo que tengo que tener presente
el socavón en la acera
y camino mirando al suelo.
Y lo veo y,
a pesar de verlo,
caigo en él.

Al sexto día,
salgo de mi casa.
Recuerdo el socavón en la acera.
Voy buscándolo con la mirada.
Lo veo,
intento saltarlo,
pero caigo en él.

Al séptimo día,
salgo de mi casa.
Veo el socavón,
Tomo carrerilla,
salto,
rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado,
pero no es suficiente y caigo en él.

Al octavo día,
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
salto,
¡llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido,
que festejo dando saltos de alegría…
y, al hacerlo,
caigo otra vez en el socavón.

Al noveno día,
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
lo salto,
y sigo mi camino.

Al décimo día,
justo hoy,
me doy cuenta
de que es más cómodo
caminar…
por la acera de enfrente.

Jorge Bucay, “Cuentos para pensar”

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