cerrando una etapa…

29 05 2009

Si hay algo que dé más miedo que marcharse, es volver.

“…de tanto despedirme se me secaron las raíces…”

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autodestrucción…

17 05 2009

Hay personas que somos autodestructivas. Somos muchas, pero mucha gente no nos entiende. Nos gustan las canciones más tristes, las películas más dramáticas y escribir cosas absurdas hablando de nuestra vida. Esas cosas que no le deben de interesar a nadie, pero nos creemos con la necesidad de explicar cómo nos sentimos.

Algunas personas creen que sufrimos por decisión personal porque la vida, en general, nos parece una mierda. No importa qué nos pase. No importa que tengamos trabajo o no. No importa que tengamos pareja, amigos o que estemos solos o solas. Pero lo que nos pasa es que nos da igual tener una hipoteca, una casa y casarnos antes de los treinta.

No queremos una vida convencional, pero nos jode no ser “normales”. Todo sería más fácil. Llevo demasiado tiempo analizando a las personas de mi edad (rondando este temido cuarto de siglo) que son tan autodestructivas como yo. Estamos jodidas y jodidos. Sin pareja, viendo como el resto de personas normales continúan con su vida tranquilamente. Miramos cómo nos estamos quedando atrás, aferrándonos a los recuerdos, al pasado. Queriendo alargar la barrera de los 25, de los 30, de los 35.

No entendemos por qué la gente cambia, se olvida de las cosas que en un momento te dieron la vida. No todas las personas somos capaces de olvidar. Todo lo sentimos más. Lo bueno, lo malo. Pero nos autodestruimos así. Es mejor una vida sin altibajos. Una vida tranquila, estable. Un trabajo fijo. Buscar la salida que todo el mundo encontraría rápidamente.

Nos sentimos seres extraños allá donde estemos. No lo podemos remediar. Nos pasamos media vida buscando nuestro lugar y, la otra media, recordando el momento en el que lo encontramos pero no nos dimos cuenta que lo era y lo dejamos escapar. No nos gusta llorar, pero no podemos evitar hacerlo. Es una forma de expresarnos y de sentir. Siempre estamos en transición, siempre en ningún lugar, en medio de todo, en medio de la nada.

Hace poco leí un libro de Isabel Allende, “Mi país inventado”, del que me he quedado con unas cuantas frases que creo que también salían de una persona que vivió exilios de todo tipo. Dejo un fragmento que resume muy bien todo esto que hoy necesito expresar:

“Una vez oí decir a una famosa escritora afroamericana que desde niña se había sentido extraña en su familia y en su pueblo; agregó que eso experimentan casi todos los escritores, aunque no se muevan nunca de su ciudad natal. Es condición inherente a este trabajo, aseguró; sin el desasosiego de sentirse diferente no habría necesidad de escribir. La escritura, al fin y al cabo, es un intento de comprender las circunstancias propias y aclarar la confusión de la existencia, inquietudes que no atormentan a la gente normal, sólo a los inconformistas crónicos, muchos de los cuales terminan convertidos en escritores después de haber fracasado en otros oficios. Esta teoría me quitó un peso de encima: no soy un monstruo, hay otros como yo.”

A mí también me dejó más tranquila leer este texto…

PD: El gran Antonio Vega fue uno de los nuestros. Se nos fue después de una eterna lucha consigo mismo en la que se dejó ganar. A él también le dolía la vida. La eterna lucha de gigantes.