espejismos

2 05 2010

Creo que no fue miedo. Tal vez haya acabado siendo algo filofóbica… pero creo que no fue miedo. Alguna vez, vi algún reflejo. Alguna vez, vi cosas que no sé si quise ver.  No vi otras que –quizás- debí ver. Me hubiera gustado ser, o estar, diferente para poder haber dejado un hueco, un espacio, por donde dejarte llegar. Un lugar por donde empezar a ir.

Por dónde empezar a andar…

Creo que no supimos qué queríamos. Quizá eso fue lo bueno. No nos pedimos nada. No esperábamos nada. Ninguno estaba en un buen momento. Y no quisimos esperar cosas que no tenía sentido esperar. Pero eso me hacía sentir bien contigo. Conmigo. Hacía mucho que no había sentido algo así…

Hoy, soy yo. Libre. Sola. Libre. Yo. No tengo nada y me tengo a mí. No me importa no saber a dónde ir, por dónde empezar… aún tengo demasiadas cosas por hacer. Por fin me convertí en esa tabla de mi propia salvación. Aunque a la deriva, pero sigo viviendo

Volví a escuchar canciones. Volví a ir a los lugares prohibidos. Volví a dormir, a soñar, a vivir. Quizás la filofobia fue algo de las muchas cosas que aún me quedan de ti. Pero hoy puedo mirarte de frente. Hoy puedo mirarte sin venirme abajo.

Quizás me hubiera gustado que todo fuera diferente. Aprender a pasar página. Aprender de los errores y seguir adelante sin mirar atrás. El pasado me encadena sin sentido… creo que a ti te pasa lo mismo.

Me hubiera gustado saber si había algo más. Si no lo había. Me gustó que no nos pidiéramos nada. Me gustó no esperar nada de ti, aunque creo que quizás alguna vez eso pudo desesperarte. Hacía demasiado tiempo que no me sentí así. Sin exigencias, sin compromisos, sin obligaciones, sin nada que perdonar, ni olvidar. Me gustó que todo fuera nuevo.

Y así vivo mis espejismos. Entre cosas que fueron y cosas que son. Entre cosas que no fueron y cosas que ya no existen. Cosas que no son. Así vivo mis historias. Las que no existen, las que no sé si existieron. Entre destellos especiales. Espejismos de felicidad. Pero son mis historias…

Ahora sólo estoy yo. Sola. Libre. Yo. Al final, los finales felices pocas veces existen, sólo importa tener cosas que empezar. Qué importa esta incertidumbre… Qué importa seguir buscando por dónde empezar. Al fin y al cabo, nunca quise una vida convencional.

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tropiezos (in)voluntarios

11 02 2010

No sé por qué llevo una noche de recuerdos. Quizá haya sido resultado de estos días de reencuentros, de viajes y de búsquedas.  Acabé escuchando canciones prohibidas, mis filofobias reaparecieron, pero pude con ellas. Ya sé que puedo escuchar hasta las canciones más tristes de Los Piratas y, ayer, me sorprendí escuchando una y otra vez Extrema Pobreza, de Iván Ferreiro. Y, buscando en más cajones desordenados, encontré “Darse cuenta”, un cuento para pensar de Jorge Bucay.

Cuando lo leí, hace ya mucho tiempo, estaba en un momento duro. Pero me empeñé en estar bien, en ver los socavones, en saltarlos, en ir directa a la acera de enfrente para no volver a caer. Hoy, me doy cuenta de la cantidad de tiempo que me he pasado en el octavo día. Ese día en el que crees que estás bien y que al confiarte y festejarlo, te caes otra vez.

Hoy, quiero pasar por la acera de enfrente. Ha pasado mucho tiempo. Mucho. Pero he caído tantas veces que ese socavón se convirtió en mi casa, en la forma en la que me acostumbré a vivir. Sin ser capaz de ver qué había en la acera de enfrente… Y, aún hoy, me cuesta mirar allí, pasar por allí, no volver a caer… y olvidar ese socavón que se convirtió en mi casa, en mi guarida, en la única forma de tener algo. Aunque no fuera nada.





trozos rotos

10 02 2010

Todo pareció un sueño. No sé en qué momento desperté. No sé si supe despertar. Si, en algún momento, quise hacerlo. No sabía qué querías. Yo no sabía qué querer. Todo esto es muy extraño y mi camino no sé hacia dónde va. Pero fue como un sueño demasiado real.

Los días van pasando lentos y rápidos al mismo tiempo. Entre reencuentros, encuentros, despedidas. Idas y venidas. Cervezas y risas. Como si todo fuera bien. Como si no hubiera nada en qué pensar. Y mi cabeza está cada vez más fría. Mi mente lenta y perezosa. Creo que ya se cansó de tanto pensar y pensar y no encontrar soluciones sencillas. Sí, lo sé… nadie dijo que esto fuera a ser fácil.

Pero hoy aún suena la música de aquella noche que parece tan lejana… Mi habitación hoy es de aquella noche. Y ya parece todo un sueño. Como si no hubiéramos existido. Como si nada fuera real.

Hace demasiado tiempo de muchas cosas y algunas aún pesan en la espalda. Y, sin embargo, otras cosas son tan pequeñas todavía que no soy capaz de ver qué son.

Pero el tiempo pasa y yo me sigo nublando entre caminos que no llevan a ningún lugar. Que se cruzan. Que se alejan. Todo se vuelve a dispersar… ¿Por dónde empezar a caminar cuando no se sabe a dónde quieres ir…?

Justo en esta tarde, que desperté en el momento en el que empezaba a oscurecer. con el peso de mi espalda y el miedo a los caminos que aún quedan por recorrer.

“Y comencé a recuperar
algunos trozos rotos
y una parte que aún está vacía.”

Iván Ferreiro, Toda la verdad





extrema pobreza

5 11 2009

Otra de esas canciones que cuelgo, pero que no soy capaz de escuchar. Mañana, otra vez, veré a Iván Ferreiro… y, otra vez, tengo miedo. Otra vez, encontrarme con demasiados recuerdos. En fin, llevaremos un cargamento de pañuelos y a llorar!





quién no tiene valor para marcharse…

1 07 2009

“…estudié mientras dormías,
aún repaso las lecciones, una a una, cada día…”

Tournedo





un anno fa…

27 06 2008

Volví aquí creyendo que encontraría mi lugar. Después de haber vivido todo lo que quise vivir. Creí que ya había terminado un ciclo, que empezaba otro. Y sí, sí lo empecé. Pero nada salió como esperaba y eso hoy me pone muy triste, bastante triste. Ha habido muchas cosas buenas y no han pasado desapercibidas. Pero nada ha sido lo que yo esperaba. Y eso me pone triste. Tal vez así es mejor… o tal vez no. Qué más da. Las cosas son como son, no hay más.

Acabo de ver Lost In Translation. La he visto a trompicones (odio no ver las películas de un tirón y sin interrupciones), pero aún así me he metido en ella. Me he sentido tan perdida como si estuviera en una ciudad desconocida y grande, aun cuando estaba escuchando que ahí afuera todo seguía como siempre. Tal vez todo siempre sea una transición, un ciclo tras otro. Un estar perdido constante. Esto no es Tokio, pero a veces me sigue pareciendo que nadie hable mi idioma (al menos en este pueblo en el que vivo).

En realidad, siempre he pensado que el lugar no importa. Lo importante es el espacio que se crea entre las personas con las que te encuentras. Y no es que estés mal con quien tienes al lado, simplemente las cosas no marchan, no es cómo tú esperas. Tal vez, en otro lugar, con esa misma gente crearías otro espacio y ahí estarías bien. Te sentirías bien de verdad.

Seguramente esté desvariando otra vez… Sé que he ganado mucho, que he encontrado también muchas cosas que no esperaba. Y eso me hace feliz, aunque hoy esté algo triste. Pero hace un año de muchas cosas. De muchos planes que no fueron. Y ahora empiezan a nacer y renacer otros. Pero supongo que en esta vida nunca se puede hacer planes. Ya lo decía Fito, “cuando todo va bien, un día tuerces una esquina y te tuerces tú también”.

Supongo que siempre hay que estar preparado a que los planes no salgan, pero yo no lo estaba. Y aquí estoy, un año después…

No se me ocurría una canción mejor, aunque tengo que decir que he colgado el vídeo sin escucharla… si no es en directo me niego. Soy incapaz.





el poder de la descontextualización

8 06 2008

Al final no fue tan complicado. No es lo mismo escuchar a Iván Ferreiro en tu habitación, en un viaje, en el metro, paseando por la calle… que escucharlo en directo. Es otra situación, otro lugar, otra forma de escuchar. Aún así, ciertas canciones siempre se hacen complicadas. Sin darte cuenta, se te enciende algo dentro con las primeras notas, en el primer instante en el que a tu cerebro aún no le ha dado tiempo de reconocer qué canción es, pero sí qué sentimiento activa. 

Sin duda, mi canción del concierto de Iván Ferreiro fue “El equilibrio es imposible”. De repente todo el público se emocionó al escuchar la primera frase. Me di cuenta de todas las cosas que puede decirte una canción con el paso del tiempo. De la infinidad de momentos que cuenta esta canción en mi vida. De todas las cosas que puede significar una misma canción en un diferente momento. De las cosas que dice dependiendo de quién la escuche, aunque sean dos personas que han vivido una misma historia. Del significado que adopta si esa canción la haces propia. Si eres tú quién la canta, o es otra persona quien te que la canta a ti.

Algo parecido me pasó con “Extrema pobreza”. Ésta la he escuchado muy pocas veces, porque la primera vez que la oí fue en un momento bastante complicado y dio en el clavo. Creo que fue ahí cuando le cogí miedo de verdad a Ferreiro. La verdad es que de esta canción ya me había olvidado, o había conseguido que mi subconsciente la olvidara. Al volverla a escuchar, se me ha hecho más grande con el tiempo. Cuenta otra historia que la primera vez que la escuché. O la misma, pero dos veces. O tal vez ahora sólo la escucho y ya no la canto yo.

Aún así, al final no fue tan “terrible” el concierto. Tal vez me haya hecho más de piedra de lo que a veces creo. O quizás, al ver un escenario, sientes de alguna manera que todo es ficción y sientes la necesidad de actuar. Ahí no estás en la soledad de tu habitación, ni mirando a través de la ventanilla de un tren que no sabes muy bien a dónde va. Ahí tienes un escenario frente a ti y entras en el juego. Por unas horas también puedes entrar en ese juego de hacerte “mentiroso, mentiroso”.

“…qué felices, qué caras más tristes…”