tropiezos (in)voluntarios

11 02 2010

No sé por qué llevo una noche de recuerdos. Quizá haya sido resultado de estos días de reencuentros, de viajes y de búsquedas.  Acabé escuchando canciones prohibidas, mis filofobias reaparecieron, pero pude con ellas. Ya sé que puedo escuchar hasta las canciones más tristes de Los Piratas y, ayer, me sorprendí escuchando una y otra vez Extrema Pobreza, de Iván Ferreiro. Y, buscando en más cajones desordenados, encontré “Darse cuenta”, un cuento para pensar de Jorge Bucay.

Cuando lo leí, hace ya mucho tiempo, estaba en un momento duro. Pero me empeñé en estar bien, en ver los socavones, en saltarlos, en ir directa a la acera de enfrente para no volver a caer. Hoy, me doy cuenta de la cantidad de tiempo que me he pasado en el octavo día. Ese día en el que crees que estás bien y que al confiarte y festejarlo, te caes otra vez.

Hoy, quiero pasar por la acera de enfrente. Ha pasado mucho tiempo. Mucho. Pero he caído tantas veces que ese socavón se convirtió en mi casa, en la forma en la que me acostumbré a vivir. Sin ser capaz de ver qué había en la acera de enfrente… Y, aún hoy, me cuesta mirar allí, pasar por allí, no volver a caer… y olvidar ese socavón que se convirtió en mi casa, en mi guarida, en la única forma de tener algo. Aunque no fuera nada.





en el octavo día…

9 01 2008

Al octavo día,
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
salto,
¡llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido,
que festejo dando saltos de alegría…
y, al hacerlo,
caigo otra vez en el socavón.

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(Al menos ya queda menos para encontrar la acera de enfrente…)





darse cuenta

3 01 2008

Me levanto una mañana,
salgo de mi casa,
hay un socavón en la acera,
no lo veo,
y me caigo en él.

Al día siguiente
salgo de mi casa,
me olvido de que hay socavón en la acera,
y me vuelvo a caer en él.

Al tercer día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
de que hay socavón en la acera.
Sin embargo no lo recuerdo, y caigo en él.

Al cuarto día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
del socavón en la acera.
Lo recuerdo,
y a pesar de eso,
no veo el socavón y caigo en él.

Al quinto día,
salgo de mi casa.
Recuerdo que tengo que tener presente
el socavón en la acera
y camino mirando al suelo.
Y lo veo y,
a pesar de verlo,
caigo en él.

Al sexto día,
salgo de mi casa.
Recuerdo el socavón en la acera.
Voy buscándolo con la mirada.
Lo veo,
intento saltarlo,
pero caigo en él.

Al séptimo día,
salgo de mi casa.
Veo el socavón,
Tomo carrerilla,
salto,
rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado,
pero no es suficiente y caigo en él.

Al octavo día,
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
salto,
¡llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido,
que festejo dando saltos de alegría…
y, al hacerlo,
caigo otra vez en el socavón.

Al noveno día,
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
lo salto,
y sigo mi camino.

Al décimo día,
justo hoy,
me doy cuenta
de que es más cómodo
caminar…
por la acera de enfrente.

Jorge Bucay, “Cuentos para pensar”

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