relojes y arena

17 10 2009

Tomé aquel libro como si fueran unas instrucciones. Como si fuera una excusa. Porque no sabía cómo expresar tanto dolor y lo puso en las letras ya ordenadas de otra persona. Era un “lo siento, esto es lo que hay”. Yo pasaba un mal momento y ella quería darme su mano y tirar de mí, pero no podía. Porque el dolor más grande es el que no sabes de dónde nace, el que no sabes por qué viene.

Aquel libro que me dio para curar mi dolor se convirtió en una carta explicándome el suyo. Me dio una nota en la que decía “socorro”. Porque no era capaz de gritar más fuerte y estaba atrapada ente sus sueños y el dolor. Huir nunca es la solución… pero ayuda tanto cuando lo único que ansías es escapar…

Y pasaron los días y luchaba por sonreír, pero no veía motivos -“y pintada en las esquinas, mi sonrisa en venta”-. Y así pasaban los días, como un pesar con el que hemos de cargar. Pero, dentro, brillaba una pequeña luz. Una luz que aún parpadeaba en sus ojos. En la sonrisa forzada de un “hay que seguir”. Aun forzada era tan bonita, que aún había esperanza.

Me dio un libro de sus instrucciones. Y en él encontré demasiadas cosas. Quería ayudarla y decirle: estoy aquí. Pero yo tampoco sabía por dónde empezar. Yo quería hacerle gritar. Que rompiera a llorar, pero que llorara a mi lado para poderla abrazar. Que dejara de llorar en soledad y dejara que las noches fueran un descanso. Que las noches no fueran relojes y los días arena.

Y así nos convertimos en compañeras Goldin Nan, Picnic on the Esplanade, Boston 1973 de esta vida que nos duele, pero que nos hace sentir tantas cosas buenas… como el hecho de poder compartir lo bueno, lo malo y lo peor. Y que siempre haya una mano, una voz…

Y así seguiremos tirando, entre empujones y tropiezos, pero siempre para alante. Y ese libro fue el primero de muchos, de mil regalos de los que ya perdí la cuenta.





ya hemos empezado el año…

4 01 2008

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Nan Goldin, “Autorretrato. Nan un mes después de ser golpeada”

“¿Dices que nada se pierde?
Si esta copa de cristal
se me rompe, nunca en ella
beberé, nunca jamás.”

Antonio Machado